Normatividades y curaduría crítica de género en museos latinoamericanos

Cuando visitas un museo, ¿qué lugar ocupan las mujeres en estos espacios de representación? ¿Van más allá de ser posicionadas como madres y esposas? ¿Te has preguntado dónde quedan los grupos marginados, esos que no solo participaron en los procesos históricos, sino que los protagonizaron, incluso más que las grandes figuras políticas que suelen recordarse en las salas de antiguos caserones? ¿Encuentras discursos hace años cuestionados y deconstruidos por corrientes académicas en las narrativas museísticas? En este texto, te invitamos a reflexionar sobre la investigación en la historia del derecho de las mujeres y las prácticas de historia pública dentro de las instituciones museológicas.

El encuentro de una historiadora del derecho de las mujeres con una curadora crítica de género

¿Cómo contribuye la historia del derecho a la formación de miradas críticas que permitan problematizar, deconstruir y visibilizar los artificios en la representación del pasado? Ya en el siglo pasado, António Manuel Hespanha (Hespanha 2025) exploraba el desarrollo de interpretaciones críticas sobre el derecho tal y como se enseña en los grados de licenciatura, fomentando cuestionamientos a la “normalización” de normas sociales o trabajando en la desmitificación de la creencia de que ciertas formas de resolución de conflictos existen desde los orígenes del tiempo. Con su investigación, Hespanha contribuyó a visibilizar la frecuente desconexión entre legislación y prácticas cotidianas en distintos periodos históricos, y avanzó en la deconstrucción de la idea de que el derecho se identifica, representa o conforma exclusivamente por leyes, rompiendo con la idea de que el derecho posee universalidad, homogeneidad, unidad y racionalidad absolutas.

Estas perspectivas, surgidas en un ámbito académico, me han impulsado a difundir y debatir los resultados de las investigaciones sobre la historia del derecho de las mujeres para llegar a públicos más amplios. Me dedico a investigar mujeres y sexualidades en los procesos criminales de los siglos XVII y XVIII en la región del Río de la Plata y me preocupa el impacto social de los avances en este campo. Por eso, he establecido diálogos con la historia pública y las posibilidades de interacción que esta disciplina ofrece a las ciencias sociales, ya que representa “un campo de luchas por la construcción de sentidos y por el reconocimiento de la legitimidad social de sus actores” (Luque/Rodríguez 2025). De este modo, se abre un espacio para debates sociales de carácter público, con el fin de promover el desarrollo de sociedades más justas que integren la multiplicidad de voces y fomenten la solidaridad entre los distintos grupos.

Existen diversos instrumentos que pueden utilizarse para este fin, especialmente con el potencial de las redes sociales y diversas propuestas audiovisuales. Entre ellos, los museos son espacios que frecuentemente parecen olvidados por la comunidad académica, sobre todo si consideramos el avance tecnológico y el amplio alcance de las herramientas digitales. Muchos museos han caído en la reproducción de discursos colonialistas, perpetuando una visión tradicional de la historia que privilegia lo político. Cuando incluyen referencias a mujeres que no se limitan a ser madres, esposas o hijas de “grandes figuras” políticas o militares, suelen presentarlas como meros añadidos a contextos ya establecidos, creados y desarrollados por esos mismos hombres. Es excepcional encontrar en espacios museológicos narrativas que expliquen los procesos históricos desde la perspectiva de las mujeres que los impulsaron. Resulta aún más raro hallar relatos que vayan más allá de simplemente “certificar” su presencia, colocándolas como objetos dentro de una estructura colonialista, blanca, elitista, binaria, masculina, cisgénero y heterosexual, expuestas como si fueran meros adornos en el decorado histórico.

La historia ocupa un lugar central en la esfera pública, y cabe destacar que uno de sus impactos más inmediatos es generar posicionamientos políticos y éticos que se extienden a todas las áreas de la vida cotidiana. Los museos son espacios que no solo permiten, sino que fomentan el establecimiento de relaciones complejas entre el conocimiento histórico y los diversos estratos sociales. Estas relaciones atraviesan las prácticas públicas de la historia al situar en el centro del debate un pasado vivo y construido colectivamente, incorporando las complejidades y tensiones de las dinámicas sociales. Se busca establecer diálogos múltiples y fluidos con el público mediante un trabajo multidisciplinario que explora no solo contenidos académicos, sino también perspectivas activistas y artísticas. El esfuerzo de la historia pública radica en articular los saberes académicos con los conocimientos de los movimientos sociales, abarcando las disputas y luchas del presente, con el objetivo de visibilizar experiencias diversas vinculadas a diferentes colectivos, superando así la historia eurocéntrica y elitista (Luque/Rodríguez 2025). Al entrelazar el conocimiento académico con los espacios museológicos para desarrollar actividades de historia pública, no se trata de “llevar” el saber académico a los museos –como si las instituciones académicas fueran las depositarias del conocimiento y tuvieran la potestad de transmitirlo a otras entidades–, sino de colaborar en la construcción conjunta de saberes.

Los museos son, más que espacios para la construcción de significados, territorios de disputa narrativa. Esta estructura colonialista, sexista y masculinizada reproduce y perpetúa numerosas falacias históricas sobre las mujeres, las sexualidades, los géneros y las relaciones interpersonales a lo largo de distintos periodos históricos. Frente a esta lógica, la curaduría crítica de género emerge como herramienta decolonial en los espacios museísticos. He encontrado un ejemplo logrado de implementación en el Museo Histórico Cabildo de Montevideo (Uruguay), bajo la dirección de Rosana Carrete, donde se replantean las narrativas desde una perspectiva de género interseccional.

Exposición “La tiranía del canon”, Museo Histórico Cabildo, © Museo Histórico Cabildo

La curaduría crítica de género y su importancia social

La perspectiva crítica de género establece un diálogo con los grupos sociales para desarrollar ideas fundamentales contra la invisibilización de las mujeres, demostrando que no solo estuvieron presentes en todos los periodos históricos, sino que también los desarrollaron, crearon y transformaron. Lejos de limitarse a los ámbitos domésticos y religiosos, las mujeres siempre participaron activamente en los procesos históricos, y sus voces pueden encontrarse –y de hecho se encuentran– en las más diversas fuentes históricas. Además, esta perspectiva crítica también permite incorporar debates sobre interseccionalidades a diversas capas de la sociedad, un diálogo más necesario que nunca. El cruce entre historia pública y perspectiva crítica de género coloca en el centro de los procesos históricos no solo a aquellas figuras que el sentido común denomina “adelantadas a su tiempo” –mujeres reconocidas por adherir a valores masculinos y demostrar competencia en actividades tradicionalmente reservadas a los hombres–, sino también a aquellas que no obtuvieron reconocimiento, especialmente las pertenecientes a grupos socialmente marginados en el pasado y presente: mujeres indígenas, africanas y afrodescendientes. Si bien es crucial rescatar trayectorias individuales, el enfoque interseccional es urgente y necesario para enriquecer estos debates en la esfera pública, como ya ocurre en varios países de América Latina. Pero, ¿cómo trasladar esto a las prácticas museológicas?

Exposición “La tiranía del canon”, Museo Histórico Cabildo –
Obras de la artista Cathy Burgi, © Museo Histórico Cabildo

La curaduría crítica de género se apoya en la perspectiva crítica de género para analizar, seleccionar y organizar contenidos (como obras artísticas, literarias, mediáticas, etc.) desde una mirada consciente de las temáticas de género, cuestionando discursos y narrativas hegemónicas así como rompiendo con paradigmas patriarcales y heteronormativos de representación artística e histórica. Este esfuerzo atraviesa la desnaturalización de los estereotipos construidos a lo largo del tiempo por ideas de masculinidad y feminidad predominantes en el imaginario social contemporáneo. Con ello, busca demostrar el factor más determinante en las cuestiones de género: las construcciones socioculturales desarrolladas históricamente basadas en un binarismo de género que pretende convencer de ser universal y atemporal. Con esta ruptura, se amplifican las voces disidentes y se abre espacio para la visibilidad y expresión de artistas, escritores y pensadores históricamente marginados, como mujeres, personas LGBTTQIAPN+, afrodescendientes e indígenas. Esto solo es posible si todos los esfuerzos están permeados por perspectivas interseccionales, es decir, considerando cómo las cuestiones de género están íntimamente relacionadas con raza, etnia, clase, sexualidades y demás categorías sociales presentes en contextos específicos. Además, la curaduría crítica de género es responsable de la contextualización política de las obras y perspectivas seleccionadas, destacando el diálogo con movimientos feministas, queer y antirracistas, así como subrayando las fuerzas transformadoras de estos movimientos.

Finalmente, la curaduría crítica de género tiene como uno de sus principales estandartes el cuestionamiento de los cánones, es decir, la revisión crítica de colecciones, acervos y exposiciones permanentes, señalando los sesgos de género que se perpetúan incluso cuando la institución o la curaduría afirma no tener un enfoque determinado. Así, la propuesta consiste en lecturas innovadoras que rompan con los ideales violentos impuestos a las mujeres a lo largo de siglos.

La tiranía del canon: normatividades de género y la violencia histórica contra la mujer

“¿Qué es el canon?” es precisamente lo que se cuestiona la exposición “La tiranía del canon”, con curaduría de Carrete. La muestra se desarrolló en el Museo Histórico Cabildo, en Montevideo, y permaneció abierta de noviembre de 2024 a mayo de 2025.  

Exposición “La tiranía del canon”, Museo Histórico Cabildo – Obra del artista Víctor Andrade, © Museo Histórico Cabildo

Con foco en los cánones a los que se enfrentan las mujeres en lo que respecta a sus cuerpos, todos los elementos se proponen llevar a los visitantes a cuestionar los conceptos de belleza y la violencia impuesta a los cuerpos femeninos desde el siglo XVIII hasta la actualidad. La muestra fue construida por Carrete con el objetivo de explorar las potencialidades de diferentes colecciones del acervo del Museo Histórico Cabildo para transformar narrativas y contar otras historias sobre la vivencia de los montevideanos. Reuniendo materiales artísticos –obra plana– de 8 mujeres y 189 hombres de diferentes épocas históricas, la crítica subraya que las mujeres no solo no son mayoría en las producciones artísticas, sino que además estaban –y aún están– escasamente representadas. Cuando lo son, normalmente se encuadran en ciertos conceptos y ciertas maneras que dejan entrever las violencias de género a lo largo de la historia (Carrete 2024).

“¿Qué es belleza?”. Con esa pregunta se abre la exposición, que a partir de ilustraciones, dibujos, pinturas, esculturas, películas y procesos judiciales construye una línea narrativa acerca de los cánones, la violencia y la invisibilización de las mujeres, proponiendo un cuestionamiento colectivo. Para el período del Montevideo colonial, los procesos judiciales criminales del acervo del Archivo General de la Nación, en Uruguay, relatan las historias de tres mujeres contra la violencia ejercida sobre sus cuerpos por parte de hombres. Las ilustraciones y pinturas son de artistas de los siglos XVIII al XXI y retratan las representaciones femeninas, como la “madre patria”, cargada con simbolismos propios de la construcción de las independencias en América del Sur del siglo XIX.

En este mismo sentido, la colección de esculturas de pequeña escala de figuras de representación femeninas, como la niña, la ninfa, la madre, retrata diferentes roles funcionales de subalternidad en los que la sociedad coloca a las mujeres.

Exposición “La tiranía del canon”, Museo Histórico Cabildo, © Museo Histórico Cabildo

Las pinturas realizadas por la artista invitada, Cathy Burghi, demuestran una relación con el cuerpo entrelazada con la ruptura de los estándares de belleza impuestos a las mujeres. Burghi saca a la luz la liberación de la mujer y de los cuerpos disidentes, que dejan de estar constreñidos a los patrones dictados por la violencia estética, y contrasta con las imágenes de cuatro películas del siglo XX que muestran mujeres intentando encajar en los cánones de belleza.

Las esculturas de ocho corsés, representados como bellos por fuera y llenos de espinas por dentro, apuntan a una demostración más cabal de la violencia estética ejercida sobre los cuerpos de las mujeres.

Bajo esta perspectiva, los cánones son, pues, normatividades de género, es decir, imposiciones de la sociedad patriarcal desarrolladas a lo largo de siglos para dictar comportamientos, formas, expresiones, sentimientos y deseos sobre los cuerpos y las acciones de las mujeres. Las diferentes colecciones que integran la exposición presentan una simetría en lo que respecta al género, abordándolo de manera bastante constante en todas las obras. El cuestionamiento colectivo al canon se plantea, así, como un desafío a las narrativas hegemónicas del pasado y del presente, buscando problematizar las representaciones femeninas y de género a lo largo de la historia (Carrete 2022).

Normatividades de género y expresión de la historia pública

Una mirada desde la historia del derecho permite redimensionar las normatividades de género vigentes en las sociedades latinoamericanas desde el siglo XVIII hasta la contemporaneidad y mostrar cómo están influidas por las dinámicas de colonialidad. Son conjuntos de reglas que están en constante relación de influencias mutuas con los saberes producidos por otras normatividades presentes en el ámbito social, entre las escritas y no escritas, como los valores políticos, los morales, las religiosidades, las dinámicas domésticas y comunitarias, alimentadas por ellos y alimentándolos. Es decir, son normatividades que mantenían, y todavía mantienen, un amplio impacto en todas las áreas de la vida cotidiana. Traen consigo una serie de dimensiones que constituían y constituyen la forma en que las mujeres eran y son percibidas y tratadas por la sociedad, la familia, las instituciones, es decir, todos los espacios de actuación ocupados por ellas.

María Lugones ya afirmaba que esta configuración binaria y heterosexista sobre las normatividades de género en América Latina es fruto de la modernidad colonial (Lugones 2024). La clasificación binaria de género basada en el dimorfismo de los cuerpos –incuestionada, dada como natural y biológica, y sin considerar los cuerpos racializados– está fundamentada en conocimientos eurocoloniales. Entre las múltiples poblaciones indígenas a lo largo de todo el continente americano, la idea binaria de género, así como su constitución en un sistema patriarcal, no era un conocimiento derivado de las comunidades indígenas originarias del continente. Estas nociones fueron impuestas, mediante muchas tensiones y violencias, a partir de los procesos de colonización, estableciendo también una distinción entre género y sexo basada en los cuerpos racializados. El sexo no estaba naturalizado en términos estrictamente binarios, y la multiplicidad de identidades de género puede encontrarse en diversas fuentes históricas.

Repensar los museos y los espacios de producción de memoria desde la historia pública y la curaduría crítica de género es un paso necesario frente al aumento de las violencias contra las mujeres en América Latina, donde el feminicidio sigue siendo una de las formas más extremas de control patriarcal sobre los cuerpos femeninos. Esta violencia no es un fenómeno aislado: está arraigada en normatividades históricas de colonialidad, racismo y sexismo que atraviesan las instituciones públicas y privadas, desde la familia hasta el poder estatal, desde la escuela hasta el sistema judicial. Ante el avance de agendas conservadoras en varios escenarios político-electorales, misóginas y antidemocráticas, se vuelve urgente reforzar el papel político de la educación histórica como herramienta de prevención y transformación social.

Los museos, tomados como espacios educativos, tanto formales como no formales, son estratégicos porque articulan diferentes esferas de poder, convirtiéndose en lugares privilegiados para el enfrentamiento de la violencia. Desde la perspectiva interseccional, la propuesta de Lugones sobre la colonialidad de género evidencia que la desnaturalización de las normatividades patriarcales pasa por reconocer a las mujeres como productoras de sus propias normas de justicia y de vida comunitaria, desafiando el monopolio masculino sobre el poder y la ley. En este sentido, los museos representan lugares donde la incorporación de prácticas educativas basadas en la memoria, la escucha y la reparación es posible, integrando las voces de las mujeres como agentes epistémicas y políticas centrales.

Exposición “La tiranía del canon”, Museo Histórico Cabildo, © Museo Histórico Cabildo

La curaduría crítica de género y la educación histórica feminista, cuando se piensan desde la justicia social y la equidad, pueden orientar políticas públicas que vayan más allá de la simple sanción y avancen hacia una transformación cultural profunda. Solo así será posible construir sociedades comprometidas con la dignidad, la pluralidad y los derechos humanos de todas las mujeres.

Bibliografía

Carrete, Rosana, en: “La tiranía del canon”, Nelson Villarreal recorre la muestra con Rosana Carrete, Directora del Cabildo. Canal Youtube “De fogón a fogón”, 7 de diciembre de 2024

Carrete, Rosana, en: Huellas pioneras, profundas, indelebles. Sobre “Feminismos en el siglo XX”, entrevistamos a la Lic. Rosana Carrete, Directora del Museo Histórico Cabildo. Cuaderno Feminismos, Arequita, 29 de enero de 2022

Hespanha, António Manuel, Cultura jurídica europeia: a síntese de um milénio, Florianópolis, Fundação Boiteux, 2005, p. 21-43

Lugones, María, Hacia um feminismo decolonial: uma antologia, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2024

Luque, Susana de; Rodríguez, Alejandra. Historia pública y construcción de sentidos colectivos, en: Susana de Luque, Alejandra Rodríguez (orgs.), Historia Pública en América Latina: teorías y prácticas desde el sur, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, 2025, p. 9-22

We use cookies to give you the best online experience. By agreeing you accept the use of cookies in accordance with our cookie policy.

Privacy Settings saved!
Privacy Settings

We use cookies to provide you with the best online experience. By clicking "Accept all services", you agree to them (revocable at any time). This also includes your consent according to Art. 49 (1) (a) GDPR. Under "Settings or reject" you can change your settings or reject the data processing. You can change your selection at any time under "Privacy“ at the bottom of the page.

These cookies are necessary for the functioning of the website and cannot be disabled in our systems.

In order to use this website we use the following technically required cookies
  • wordpress_test_cookie
  • wordpress_logged_in_
  • wordpress_sec

Decline all Services
Accept all Services